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 Padre Santiago Haddad, el apóstol de la Cruz

 

Hna. María Pía

 

El 26 de junio de 1954, muere en el mundo una vida por cierto no muy común. Una existencia que merece ser conocida, digna de ser sacada a la luz. 

Nos trasladamos geográficamente a Medio Oriente, de allí enfocamos nuestra mirada al Líbano, el bello país de los cedros, de verdes montañas, del cristalino mar, y nos detenemos en un pobre y sencillo fraile capuchino, quien predicó a Cristo con sus palabras y obras, quién decidió radicalmente cristificarse. 

Nuestra historia comienza en Ghazir, al Norte de la Capital Libanesa. Aquí nace el 1 de febrero de 1875, Halil Haddad, hijo de Butrus y Shams. Al terminar sus estudios Halil es enviado a Egipto en donde trabaja como maestro de árabe en la Escuela San Marcos en Alejandría. Su fe corría serio peligro ante las amenazas del mundo por lo que decide avocarse más a la oración. En  este clima de devoción nace aquel pacto entre esta alma y Dios, “seré sacerdote para siempre y nada me lo impedirá”. 

Luego de una larga resistencia por parte de su padre, entra finalmente a la Orden Franciscana el 15 de agosto del año 1893.

Años de Seminario  

Desde este momento Halil comienza una carrera de gigante en la cual nada detendrá el amor que tiene a Aquel a quien se consagró. Como Terciario recibe el nuevo nombre de Fray Santiago, desde este momento un popósito templa su espíritu, “entré aquí vivo, no saldré sino muerto”, frase que revela la firme decisión de ser fiel a su vocación. 

Signos de alegría, sumisión, obediencia eran las características de su primera etapa de consagrado, unidos estos a una fuerte caridad hacia los demás. 

El 14 de abril de 1895, a los pies del Altar pronuncia sus votos simples, en este período y por consejo de su Superior decide seguir los estudios teológicos para abrazar el estado sacerdotal, ya que en un primer momento pensó en ser simple religioso. Es en esta etapa en donde obtiene el permiso de predicar en el mes de mayo e introduce también la innovación de explicar el Catecismo un día y otro el Evangelio. 

Tenía tantos deseos de ser sacerdote que “le demandaba a Dios me ofreciera la Gracia de la Ordenación y de la Primera Misa y después me llevara con El”. Gracia recibida el 1 de noviembre de 1901, “luego de mi ordenación y de la Primera Misa, he sentido una gloria inefable, jamás experimentada anteriormente”.   

Al tener un accidente por el cual casi pierde la vida, exclama: “Se me concedió una nueva vida. Decidí usarla a Su servicio hasta el fin, con fidelidad”.  

Apostolado de los Colegios 

La obediencia ofrece al Padre Santiago un nuevo encargo que tendrá que ver con su apostolado: la dirección y fundación de escuelas a través del Líbano. Se avoca de lleno a su trabajo. Hay 163 escuelas, algunas de ellas con serios problemas. En aquella época faltaban hasta los libros elementales para el estudio, el P. Santiago los va consiguiendo con su esfuerzo y perspicacia de organizador. Es notable el hecho de que recorría a pie casi diariamente de 30 a 50 km. Varias anécdotas matizan estos viajes, las cuales nos ayudan más a formarnos una idea del temple del Padre, como por ejemplo  la que sucedió en un crudo invierno, en el cual, después de haber caminado varias horas en la nieve, no se da cuenta (por la insensibilidad) de que había perdido las sandalias en el camino, las cuales vienen a  ser devueltas por los arrieros de la zona. El siervo de Dios exclamará ante estos sacrificios: “que sirva para fortalecer a las almas amenazadas o tentadas”.

             Ocupa el primer lugar en esta misión la atención espiritual a través de las confesiones, catequesis, retiros, organiza las fiestas de las Comuniones... “hace tanto bien, ver a los niños en la Capilla, verlos acercarse a la Santa Misa; frecuentemente tienen los pies desnudos, con sus vestidos orientales se asemejan a la figura del Niño Jesús de Nazaret. Hace tanto bien el poder darles una medalla ha aquellos que se han destacado. ¡Cómo agradecen con su sonrisa!

 Tradujo para los catequistas, del francés al árabe popular, cinco fascículos para mejorar la calidad de la enseñanza. Para la inauguración de la imponente imagen de Nuestra Señora de Harissa organiza la peregrinación de los niños “estaban allí alumnos delegados de 130 escuelas, acompañados de sus profesores eclesiásticos y seculares. Vienen en nombre de 6000 compañeros, a poner a los pies de Nuestra Señora del Líbano sus oraciones, sus cantos, su amor y su reconocimiento”.  

Institución de la Tercera Orden Franciscana

Queda encargado de dirigir y promover la Tercera Orden. Funda en el año 1906, día de la Inmaculada Concepción, la primera Fraternidad. Ya en 1914 las fraternidades son 14 con 3200 insciptos. Una vez al mes el Padre Santiago preside las reuniones, predica, confiesa y dirije las almas. Años más tarde esta cifra terminará en 10000 terciarios, que se reunirán a los pies de la Virgen de Harissa una vez al año. 

Alma de escritor  

Crea una revista, portadora de la voz de la Tercera Orden llamada “El amigo de la familia”, nacida el 1 de enero de 1912. 

Trabajador incansable en la jornada, pasa largas horas de la noche escribiendo, componiendo respondiendo, estudiando. 

Cronológicamente ha escrito: El Misterio de Navidad, la Vida de San Francisco de Asís, Cantos religiosos para las almas, cuatro ediciones de Las Florecillas de San Francisco el grande, El Ejercicio del Vía Crucis, Escena de la Exaltación de la Santa Cruz, las  Constituciones de las Hermanas Franciscanas de la Cruz del Líbano que saldrán a la luz luego de la muerte del Padre. Se conservan  abundantes manuscritos de cartas, teatro religioso, el diario, el epistolario (332 cartas en árabe, 214 en francés), esquemas de retiros, de prédicas (las pláticas son unas 7400 páginas).

Se lanza también al mundo del cine, pasando la película de Cristo a 600 drusos y luego otras que se refieren a vida de Santos y algunas que otras cómicas.  

Un sueño hecho realidad  

En el año 1919 reemprende el proyecto que había madurado en su mente y que por la situación política había quedado postergado... ofrecer un lugar para las convenciones de la T.O.F, alzar un monumento conmemorativo para los centenares de inscriptos, muertos de hambre y de enfermedad por causa de la guerra, que tenga el símbolo de la Cruz. También abrazaba la idea de crear un centro de oración para los emigrantes libaneses ya que muchos dejaban el país, veía muy claro la necesidad de invocar a la Virgen para que los protega del viaje y las enfermedades, además para que conserven la fe aprendida y la pureza de costumbres. 

Obtenida la bendición de los Superiores se lanza a la obra, obra de Dios y no mía”, afirmaba en todo momento.   

Finalmente y con donaciones se compra la colina de Jal el Dib, que se encuentra a 8 km al norte de Beirut, en donde había  también un pequeño Santuario dedicado a Nuestra Señora del Mar. El 19 de enero de 1921 el Padre General de la Orden puso la primera piedra “este momento eterno hablará de la generosidad de tantos benefactores, de terciarios y de otras tantos hombres de celo y piedad, quienes han ayudado con su dinero, con sus oraciones...., y hoy proclamamos que sin la Divina Providencia no habríamos puesto una sola piedra de este monumento...”. 

Como pobre de Cristo, el P. Santiago visitó a varias personas pudientes para recolectar dinero para la obra, merece dar paso a un episodio ocurrido allá por el año 1923, el Padre fue aconsejado por una persona de pedir ayuda a una rica viuda de Francia… la propuesta me fascinó. Junté todos los proyectos y todos los documentos útiles y los mandé con una carta en donde referían toda la obra. Esperé la respuesta, la cual llegó poco tiempo después. Abro la carta para encontrar… ¿adivinen que cosa? ¡Un solo franco! Quedé aturdido. Te lo has merecido, me dije, el buen Dios ha querido mostrarme  que era El el primer y único benefactor de esta obra. De ahora en más he puesto en El solo mi esperanza. ¡En Ti Señor he esperado no seré jamás defraudado! Este  franco lo  conservo hasta el día de hoy como recuerdo y lección”. 

La reunión de la fraternidad que se realizó en el año 1923  fue verdaderamnete un triduo de oración y adoración, noche y día las delegaciones de todos los pueblos se turnaban para la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento. Padre Santiago, pronuncia en esta ocasión: “Estén seguros, mis queridos hermanos, que en este Santuario que terminaremos pronto con la ayuda de los benefactores, cada día se elevarán fervientes oraciones para el retorno de los emigrantes. La Virgen del Mar, de la cual esperamos con impaciencia su imagen, protegerá vuestros pueblos y los guardará con la mirada vigilante para reconducirlos sanos y salvos. Es la Cruz victoriosa que hemos decidido de alzar junto a este Santuario, será para el Líbano un lugar seguro, del Corazón de Cristo bajarán beneficios de esta montaña tan amada. La imagen prometida llega el 17 de julio de 1923, es la Virgen de pie y sonriente, envuelta en un manto azul. En el brazo de Jesús se encuentra un velero cargado de pasajeros, el cual parece confiar todos los peligros a María que vela sobre ellos. La cruz de 10 metros y 1250 kilos será inaugurada el 3 de mayo con la presencia del Obispo de Damasco Mos. Versepuy. 

Un corazón sacerdotal

La obra construída será utilizada dos o tres veces al año, Padre Santiago quiere establecer algún  otro beneficio más estable y que respondiera a las necesidades de los tiempos. Lo decide un episodio ocurrido un tiempo atrás. Una Hermana de Bensanzone cuenta que al Padre le habían pedido de ocuparse de una niña huérfana. Acepta el encargo y va con una religiosa, la cual la conduce al hospital. Allí encuentran un hombre que le habla, mientras tanto se da vuelta y le dice a la Hermana: ¿Ve aquel enfermo con ropa de noche? Lleva un poco de agua a un enfermo: es un sacerdote. Tengo que hacerlo salir de aquí”.   

Otro día visitando un hospital, ve a un sacerdote que se había vuelto loco, lo tratan bastante mal. Padre Santiago se acerca a él y le pide la bendición. Una tercera vez quiere confesar a un sacerdote, que se encuentra en un hospital de Beirut. Entra y ve a dos hombres ancianos de larga barba, se avecina al primero y le dice: ¿Me has pedido confesión? No Padre, quizás es mi compañero. Era exactamente su vecino, un viejo sacerdote monje apóstata, ahora arrepentido, rojo del dolor y abandonado en el remordimiento y en el desánimo: “Ninguno se ocupa de mí,  no puedo cumplir mis deberes religiosos, se podría decir que no soy más sacerdote. Es imposible ir a la iglesia para celebrar la Misa, imposible encontrar a alguien que traiga la Comunión, al menos una vuelta a la semana”. El Padre Santiago permanece atónito antes la escena y le promete ocuparse del asunto. El 4 de octubre, VII Centenario de la muerte de San Francisco, va al hospital y toma del brazo al sacerdote enfermo, lo viste y sube como triunfador al Santuario de Nuestra Señora del Mar. 

 Esa tarde el Padre cantó el Te Deum, había encontrado el punto de partida para lo que Dios le pedía realizar.

             Vale la pena contar el testimonio de una religiosa que trabajó cercana al Padre: cada vuelta que el P. Santiago salía de La Cruz iba a arrodillarse a los pies de uno de los  primeros sacerdotes acogidos en el hospicio, pidiéndole su bendición, lo hacía con tanto respeto que empezamos a imitarlo”.   

Mucho más por realizar

En torno a la nueva obra varias colaboradoras terciarias se van agrupando para prestar la ayuda necesaria, el grupo tenía horarios, oraciones y vestían un hábito. Luego de algún tiempo, estas jóvenes comenzaron la experiencia, bajo la guía del Padre Santiago de formar un Congregación religiosa, la cual es  autorizada por el Nuncio Apostólico Mons. Giannini  bajo el nombre de Hermanas Franciscanas de la Cruz del Líbano, es aprobada Ad experimentum, el 8 de diciembre de 1930. La naciente congregación va creciendo a la sombra del ejemplo y palabras del Padre Santiago, quien recomienda la unión, la caridad, la abnegación, quiere de todas: obediencia, devoción al silencio y al recogimiento, no deja de insistir en el exacto cumplimiento de los horarios. Las Hermanas se aplican a todo trabajo manual: hacen el pan, lavan, buscan agua, reparan sandalias, atienden a los enfermos... Las Hermanas que se reciben no tienen diplomas, ni son muy intelectuales o de renombrada familia.   

Después de 10 años comienza el Padre ha escribir las constituciones y reglamentos, en 1940 los mismos son presentados a la Delegación Apostólica de Beirut. El Decreto de Aprobación viene a ser firmado el 1 de agosto de 1949, no sin haber pasado antes por grandes pruebas. Termina así de perfilarse el carisma que prestarán hasta el día de hoy en la Iglesia esta Congregación: la misión hospitalaria con sacerdotes incapaces de ejercitar su ministerio, el cuidado y educación de niños y niñas huérfanos, el apostolado escolar. Dios solo conoce cuanto hemos apreciado este beneficio del cielo esperado desde hace veinte años...”

             Padre Santiago se sentía muy ligado a la ciudad de Deir el Karmar, en donde había formado la orden Terciaria, manifiesta al Padre Provincial: “He visto en esta pequeña ciudad el cementario de los mártires del 1860 en pésimo estado. He pensado de recolectar dinero para eregir un monumento como la Cruz de Jal el Dib. Tengo ya unos 600 francos y creo que tendré lo suficiente para la  construcción. Pero ¿podré recibir el Cristo de Francia? No quiero darle fatiga afectuosísimo Padre Mío. A esta obra la tengo en el corazón, la he comentado a la gente y espera la ejecución con impaciencia...”. Un año después: “La Cruz de Der el Kamar se alza majestuosamente en la cima de la montaña, que domina este pequeño centro de cristianos en medio de los drusos...”.

 El gobierno le renta una casa aquí, la cual será más tarde casa de ancianos, es encargada de la Obra la Madre María de la Cruz y tres religiosas más.  

Un amor sin límites... 

La obra que había comenzado con los sacerdotes se extiende también a los enfermos, discapacitados, pobres... el amor todo lo abarca... el gobierno comienza también a mandar enfermos pagando unas pocas piastras que mínimamente sirven para el sostenimiento de cada uno: “No es tanto Rev. Padre el dinero que pido, solo la oración y su Bendición. Estoy contento y feliz de vivir ahora como un verdadero discípulo de San Francisco. No he tenido nunca un sueldo, me acomodo con aquello que el gobierno libanés me da cada mes y me sobra, porque es el Buen Dios el que bendice. Allí está nuestro verdadero tesoro”. En 1939 escribe a su Provincial: Esta familia comprende al presente 348 personas a los cuales se le suma los 72 huérfanos de Der el Kamar, lo que hace un total de 420. Este pequeño mundo, querido padre, puestos a los pies de la cruz no sabe más que una cosa: sufrir y rezar. Se sufre rezando y se reza por aquellos que no saben sufrir”. 

Seis meses antes de morir en una carta al cardenal Tisserant escribe, año 1953: Son  ya  150 Hermanas que sirven  a más de 1000 enfermos, es un pequeño ejército compuesto de diferentes religiones, marchamos todos, hermanas y enfermos, al cielo. Si el diablo logra atrapar un alma, es verdaderamente una excepción”.   

Sin fronteras....  

El ministro druso Jomblat, en su entrevista con el Presidente del Líbano le comenta: “He encontrado un santo y quiero prodigarle toda mi ayuda”.

             La comunidad musulmana está siempre dispuesta a ayudar a la obra del Padre Santiago, un ministro de gobierno visita la obra en el 1942: “He visitado el asilo de la Cruz, he visto con mis propios ojos la excelente asistencia prestada a los enfermos. Esta institución merece nuestra benevolencia y asistencia”.

 El Pastor protestante David Oliver, en una carta: “De mi lecho de dolor, he pensado en su gentil visita, en el amor y afecto que porta con Ud. Quiero escribirle para agradecerle, y decirle cuanto he apreciado su bondad y la fatiga que le he causado por tan largo viaje que ha tenido que realizar para verme en mi lecho de enfermo. Muchos habían venido a saludarme también de lejos pero ninguno me ha conmovido tanto el corazón como su visita, no solo por la distancia sino por el espíritu en el que ud vive, por las cosas en que trabaja... porque esto da importancia a la vida y estoy seguro de la bendición que porta con Ud, por lo tanto queridísimo amigo... tiene un lugar en mi corazón.”

 Por su espíritu y sus obras es distinguido por el Gobierno de su país. En 1938 recibe la Medalla de Plata al Mérito Libanés. En 1949 el ministro de Sanidad pone en su pecho la Medalla de Oro al Mérito y lo nombra miembro oficial de la Orden del Cedro. Postmortem recibirá la Medalla de Oro al Mérito del Cedro.

La Cruz siempre  

Bendecido constantemente por la presencia de cruces en su vida, entre ellas las múltiples enfermedades que tuvo que sufrir: insomnio, eczemas, pérdida de la vista, por último la leucemia. “Me parece que arrivo yo también al término de mi viaje. A pesar de todo, no me canso de trabajar y la obra continúa... Mi vista se torna  siempre más débil, estoy cerca de la operación, después de ella o tendré la vista de un niño o la ceguedad completa, lo que el Buen Dios quiera”.

Escribe en otra carta a su primo, seis meses antes de su muerte: “El tiempo pasa y también nosotros. El 1 de febrero entro en los ochenta años. Creo que el Buen Dios a estos años de vida se dignará escucharme y me hará partir a la eternidad. Que se haga Su Voluntad. Lo importante es estar preparado”.

 Al recibir la noticia de la leucemia, y al encontrar a la Madre General en la Cruz, le dirige un sereno reproche: “Sé porque están tristes, no querían decirme cual era mi enfermedad. Pero ¿se está triste cuando se le dice a una persona que se va a ver a nuestro padre, a reencontrarnos con los que amamos? Que Dios las perdone. ¿Por qué me lo han escondido? ¿Un niño se pone triste cuando le dicen que va a reeencontrar a su papá? Moriré con una  hermosa sonrisa”. 

“No las dejaré solas, no tengan miedo. Si uno pasa de una habitación a la otra ¿ha por esto abandonado a los suyos y cesado de ayudarlos? Yo iré al cielo a protegerlas. Es Él quien me alienta y reconforta. ¡No tengan miedo!”. 

El sábado a la mañana, 26 de junio, Padre Santiago se siente muy mal. Durante la noche se hace leer pasajes de la vida y muerte de Santa Rita de Cascia, y  reza ininterrumpidamente jaculatorias. Pide la Comunión y recibe el sacramento de la Extremaución. Pide a las Hermanas que vengan a rezar el rosario y que canten el salmo 121. “No tengan miedo, vuelve a repetir, todo el bien viene de Dios a través de la Sangre de Cristo, que riega lo sembrado, lo hace crecer y lo conserva”. Muere a las tres de la tarde. 

La noticia de su muerte se difunde rápidamente por todo el Líbano, 20000 personas acuden a su funeral.

 Vale la pena el Comentario del L’Osservatore Romano algunos meses después: “Al lado de la figura austera del Padre Charbel Malkhlouf hay un nuevo rostro de religioso, sereno y enmarcado en una barba ierática; “el franciscano constructor”. Aquellos que tuvieron el privilegio de asistir, el 26 de junio pasado, a sus últimos instantes, no pudieron sino pensar: así mueren los santos”.  

El 27 de septiembre de 1960, tuvo lugar la introducción oficial de la causa de beatificación del Siervo de Dios. 

En un mundo que cada vez se aparta más de Dios, la figura del Padre Santiago, es un ejemplo para nosotros peregrinos del naciente siglo XXI,  es señal de que Dios todo lo puede,  predicar a Cristo a través del signo de la caridad es el mejor lenguaje de todos los tiempos... cerremos esta fascinante vida con las palabras del mismo protagonista: “La caridad ... es este mi testamento. Es este el secreto de vuestro éxito y de vuestra perseverancia...”.